Un Poderoso Poder

Desde que me estoy dirigiendo a la recepción Alis me ve a lo lejos y me saluda; cuando llego a la mesa donde se encuentra ella me da la bienvenida con una sonrisa franca y cordial, llamándome por mi nombre a pesar de haberme visto sólo una vez, por un par de horas y tres meses atrás. ¡Se acuerda de mí! Es asombroso.

Le pido que me presente a Mamis, la responsable del Centro Landmark en México, para agradecerle personalmente lo que había hecho por mí y decirle que lo aprovecharé al máximo. Sin su ayuda, sencillamente no habría podido estar ahí… y noto la bondad y la emoción que se dibuja en su rostro.

Nos habían sugerido el uso de ropa cómoda pues las sesiones de trabajo son prolongadas: inician a las 9:00 de la mañana en punto y terminan hasta las 10:30 de la noche. Como sucede cuando no conoces prácticamente a nadie, las personas que llegamos solas nos evitábamos mutuamente esquivando nuestras miradas, pretendiendo estar concentradas en otro asunto.

No entrar en interacción para mí era natural, pues venía de un encierro al que me sometí voluntariamente por once meses después de un fuerte disgusto con mi madre. Ella y yo habíamos estado muy unidas después de que mi amado padre fallece, las dos lo habíamos despedido juntas en aquella cama del hospital Sand Lake, una de un lado y la otra del otro y por casi un año convivimos a diario pues me dediqué a arreglar todos los asuntos que sobrevinieron como consecuencia.

Ya había terminado prácticamente con todo, cuando se me presenta la oportunidad de ir a Moscú por unos meses, así que no ví inconveniente alguno en aprovechar lo que tenía disponible y hacer lo que más me gusta en la vida: viajar. Me voy a Moscú, ilusionada además con la idea de hacer una entrevista al fenómeno musical ruso llamado t.A.T.u. y no sin antes pedir de favor a mi micro familia y amigos que estén al pendiente de mi mamá durante mi ausencia. A mi regreso del viaje me encuentro con una mamá muy distinta a la que yo dejé antes de partir: agresiva, distante, intolerante, en una palabra: irreconocible.

El plan original de pasar esa segunda Navidad sin mi papá juntas, en casa de mi tía que vive en Veracruz, se viene abajo pues mi hermana decide quedarse en México y mi mamá, acompañarla a ella y a su familia. En vida de mi padre esa solía ser la época más hermosa del año y nos sentíamos muy unidos como familia. Al notar que todo ha cambiado, decido aceptar la invitación de estar con mis tíos y primos en Veracruz  y regresar a Moscú para disfrutar ahora de los paisajes que ofrece esa bellísima ciudad en el invierno… Y cuando regreso las cosas con mi mamá habían empeorado sustancialmente y ahí es cuando se da la ruptura. Es hasta entonces cuando me entero que nunca estuvo de acuerdo en que me fuera de viaje y eso me resulta completamente absurdo.

Entonces me suspende la mensualidad que recibía y caigo en un estado depresivo tan severo que por once meses dejé de tener contacto con la gente, salvo para allegarme lo mínimo indispensable para sobrevivir. Sin ingresos, sin trabajo, sin deseos de vivir no encontraba la razón a mi existencia. Me sentía nula, vacía, desmantelada y destruida. Dejé de contestar los teléfonos, de usar el Internet, de abrir a las personas que vinieron a buscarme a la casa, ni siquiera a mis amistades… Para efectos prácticos, no morí pero sí me desaparecí del mundo.

Quizá por eso también, cuando entro al salón que está dispuesto para recibir a cerca de ciento cincuenta personas para El Foro Landmark me parece enorme (al menos en comparación a aquellos que acostumbraba cuando me movía en el mundo de la Capacitación y Desarrollo de Personal). Me sorprende gratamente ver que todo estaba cuidadosamente arreglado y que hasta las filas e hileras de sillas están perfectamente alineadas y pienso: “No hay duda, esto se llama estar en el primer mundo” y me siento a esperar que inicie la sesión.

Sé que es difícil imaginar, dada la idiosincrasia popular mexicana, que un gringo se pare ante un nutrido grupo y tenga la osadía de afirmar que los resultados que obtiene cada vez que conduce El Foro, ya sea en México, en China, Australia o India son exactamente los mismos y no haya surgido reacción alguna de los participantes. Sin duda, algo había en ese hombre nacido en Estados Unidos llamado Barry Terry que definitivamente cautivó nuestra atención y ciertamente, que usara su idioma nativo fue algo que se hizo transparente gracias a una traducción simultánea excepcional.

Comienzan a participar los más atrevidos y cuando están en el estrado, lo de menos es su apariencia física, su vestimenta, su personalidad. Mi atención está centrada en escuchar realmente al ser humano que pasa al frente a hablar de su vida y desnuda su alma. (“Ay caray, en qué me habré metido” es lo primero que llegó a mi mente, manifestando algo de temor).

Estoy con una de las primeras asignaciones que nos marca nuestro coach e inmediatamente pensé en mi madre. Tomo el teléfono con un miedo aterrador, marco su número y aprieto “send”. Le digo: “Hola mamá, ¿cómo estás? Fíjate que estoy en un curso y…… “¡NO TE VOY A DAR MAS DINERO Y NO ME INVITES A TUS CURSOS, NO VOY A IR!. Sintiendo un nudo en la garganta, apenas alcanza a salir de mi boca el tenue sonido de mi voz diciendo: “Está bien, mamá”.

Y me sentí como en aquel cuento: “Al final, la mamá pata ya no puede soportar el acoso que sufre el hijo que ella ha traído al mundo. Pero lo más revelador es que ya no puede soportar el tormento que a ella misma le causa la comunidad como consecuencia de sus intentos de proteger a su “extraño” hijo. Y entonces se derrumba y le grita al patito: ¡ Ojalá te fueras de aquí ! y el desventurado patito se va”. (Extracto del libro: “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés).

Desde hace muchos años quedé convencida de que los caminos del Señor son insondables y que su ayuda nos llega siempre a través de nuestros semejantes. Sólo así puedo explicarme que haya sido hasta ahora y después de 17 años, a pesar de vivir lado a lado, que Evelia y yo intercambiáramos más de las dos palabras que constituyen los saludos de cortesía que nos dábamos eventualmente.

Fue Ofelia, mi leal muchacha de servicio doméstico, quien me trajo el mensaje de que su otra patrona de que quería hablar conmigo para ayudarme. En ese momento muchas voces se agolparon en mi cabeza: “Qué raro que quiera hablar conmigo”, “¿Después de tantos años?”, “¿Para ayudarme?”, “¿Quién le dijo que necesito ayuda?”, “No, seguramente algo ha de querer, esto es muy extraño”, “Desconfía de sus intenciones, acuérdate que bajo la desconfianza vive la seguridad”. Bla, bla, bla

Sin embargo, Ofe me alentó para que fuera a verla porque ella sabía que yo había tenido que prescindir de sus servicios por no contar con recursos económicos y esto, tal vez, podía representar una oportunidad de trabajo. Con eso en mente, me presenté en su casa a la hora señalada, aparentando que no pasaba nada.

Me acuerdo que la conversación se desarrollaba con cordialidad, sin embargo, empecé a escuchar una serie de ideas que no me hacían mucho sentido y pasaban y pasaban los minutos y como que no me quedaba claro cuál era su propósito. Hasta que al fin me comentó que se había atrevido a llamarme, – a pesar de las advertencias que su esposo le hiciera de que esto podía sonar como proselitismo para formar parte de una secta peligrosa -,  porque quería compartir conmigo algo que había aprendido. Entonces recordé lo que alguna vez leí al respecto en “Los siete hábitos de las personas altamente efectivas” del Dr. Stephen Covey y me cayó el veinte para abrirme a la posibilidad de asistir a una charla sobre la educación Landmark.

La impresión que me dejó Eve fue muy grata y más que la serie de términos que usaba con mucha convicción como: “El escuchar ya y siempre”, “Los rackets”, “Conversación poderosa”, “Futuro probable casi seguro” eran sus relatos de lo que había vivido con su hija Viviana lo que llamaba fuertemente mi atención. Una energía muy especial emanaba de su persona, algo resplandecía en su alma.

Y digo me dieron, porque Dios puso en mi camino a muchas personas para que esto pudiera suceder. Además de Ofe y Eve, Martha fue la gentil anfitriona que ofreció su casa para que, por primera vez en el Estado de México, se diera una plática sobre El Foro Landmark. Alis, fue le expositora que nos habló sobre la tecnología educativa que se usa y fue su autenticidad al darnos a conocer su experiencia, lo que me invitó a abrirme y platicar sobre el problema de comunicación que tengo con mi mamá (Paradojas de la vida… la comunicóloga con problemas de comunicación). Luego apareció Javi, quien apoyó a Alis con el envío y recepción del correo electrónico, pues este era el único medio del cual disponía para estar en contacto con los demás.

Cuando les escribí para informar que tenía que postergar mi participación por no poder cumplir con mi compromiso de pago, Eve y Alis me expresaron vía mail sus deseos de que yo pudiera asistir, porque sabían que eso me iba a hacer mucho bien. Lo extremo de la situación que me permití experimentar y sus mensajes me dieron la fuerza para actuar.

Sólo Dios sabe lo que significó para mí atreverme a pedirle ayuda a mi mamá, máxime cuando casi podía escuchar las voces en su interior: “Te lo dije, lo único que quiere de ti es tu dinero”, “Cuando los padres del Santo Rosario te vienen a visitar, algo te quieren pedir o algo te quieren quitar”, “Haces muy mal en soltarle dinero a tu hija”, “Ella es una manipuladora”, “Tú eres una mala madre: la convertiste en un parásito”. Bla, bla, bla.

Y Dios tocó su corazón y permitió que su amor de madre se manifestara con más fuerza que el temor a verse mal, pues El sabe (y quizá mi mamá lo percibió también) que auténticamente estoy comprometida a honrar mi palabra y devolverle el préstamo que me hizo. Quizá en ese momento no empleé esos términos; sencillamente era mi verdadera intención. (Y puedo imaginarme las voces que tú estás escuchando en tu cabecita en este instante, y por eso luego te voy a revelar mis descubrimientos). Lo cierto es que también a ella le agradezco mi participación en El Foro Landmark.

Por eso, cuando con tanta alegría Eve aplicó el pago por el trabajo que realicé para su empresa a mi inscripción a El Foro, me quedé paralizada… Yo contaba con ese dinero para otras cosas, ¿Cómo se había atrevido a decidir por mí el destino que habría de darle a esos recursos? Me quedé callada y no quise quitarle el gozo que percibí genuino, como si me estuviera haciendo el mejor regalo de mi vida. ¿Cómo hubiera podido ella imaginar cuál estaba siendo mi situación en ese momento? Entonces, reconocí que yo lo había permitido y luego pensé: “Al fin, es sólo dinero; Dios proveerá“. Hoy comprendo que, efectivamente, me dieron el mejor regalo de mi vida: he podido renacer.

Al regresar al salón, escucho los rompimientos que mis compañeros están experimentando y me siento conmovida. Secretamente les envidio por estar obteniendo respuestas asombrosas de las personas significativas en su vida. Y que conste que muchas veces lo que comparten con el grupo son, palabras mayores, situaciones verdaderamente dolorosas y complejas. En comparación, aparentemente mi caso es chicken feed yo simplemente no tenía qué compartir.

De cada persona que pasaba al frente recibía algo importante. Muchas veces me veía reflejada en ellos, otras veces observaba cómo el entrenador usaba la sabiduría socrática para ir guiando al entrenado hasta que se le aclararan las distinciones. El espíritu del grupo nunca decayó. Me acompañaban y animaban: “Vuélvelo a intentar”, “No te desanimes” y de ellos tomaba el valor para marcar nuevamente… pero la bocina de aquel teléfono ya no se volvió a levantar.

Todo lo estaba sintiendo con una intensidad tal que se me movía el piso; casi podía ver cómo caían los pancles de hielo y se iba derritiendo mi coraza. Por la noche casi no podía dormir; de repente me llegaban imágenes reveladoras y me seguían cayendo más veintes.

Ahora comprendo que, una más de las pruebas del gran amor que mi mamá siente por mí se dio a propósito de El Foro Landmark y no porque me haya prestado dinero, sino porque sé lo que eso implicó para ella. Entonces ya no importó lo demás…Me quedó claro que Jesús y la Virgen María siempre escuchan sus oraciones.

Desconozco otros casos, pero está claro que la bondad de la gente que ni me conocía y me ayudó, me conmovió y contribuyó a que mi deseo fuera salir del pantano en el que me sumergí. No voy a decir que ahora soy la persona más sociable del grupo pero sí, que disfruto mucho de estar en compañía de otras personas aún sin conocerlas y descubrir qué hay en ese mundo que al entrar en comunicación con ellas se me revela.

Entonces declaro que creo la posibilidad de vivir una vida extraordinaria compartiéndola con un hombre extraordinario que también ame esa vida.Uno de los modelos que usábamos en el programa Modelnética de Banamex decía: “Ten cuidado con lo que quieres porque puede ser que lo logres”.

También llegan a mi mente las palabras del Papa Benedicto XVI: “La familia cristiana, viviendo la confianza y la obediencia a Dios, la acogida generosa de los hijos, el cuidado de los más débiles y la prontitud para perdonar, se convierte en el signo de credibilidad persuasivo capaz de interpelar al mundo de hoy”

El martes por la noche, al llegar al salón Olmeca del World Trade Center y ver un grupo aproximadamente de 300 personas reunidas para escuchar de qué se trata todo esto, me estremecí. Mis compañeros habían logrado emocionar, conmover o inspirar a las personas significativas en su vida y compartir con ellas la posibilidad de recibir el beneficio de esta educación. Había padres, madres, hermanos, primos, amigos, vecinos, conocidos y todos contagiados con el mismo sentir.

Yo llegué sola esa tarde y me tomó dos meses rescatar la relación con mi adorada madre, pero les puedo decir que la comunicación que tenemos ahora toca la esencia misma de nuestro ser, es ese tipo de comunicación que nutre el espíritu porque se da en un espacio de amor, escucha generosa y perdón.

Entre varios de mis descubrimientos ahora me doy cuenta que, para no hacerme responsable de mi vida: estuve usando chantajes, quise tener la razón,  invalidé a otros, les hice sentir equivocados y por todo ello estuve pagando un precio muy alto pero… ya no más. Ahora soy libre. Puedo ser, hacer y tener. Ya no soy esclava de los cánones de una sociedad que nos lleva en una carrera de ratas condicionadas que nos impone un orden inverso: tener, hacer, ser.

Parafraseando lo que alguna vez aprendí con mi admirada Barbra Streisand en el programa Inside the Actors Studio : “Cuando declaras desde lo más profundo de tu ser tus intenciones todo el universo se confabula para que puedas lograrlo”.

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